Por: Edver Roman PAREDES MILLA
Colección: Wayra Kutimuq
Al escuchar a Luis
Acosta Guerrero, en su hermoso himno a nuestra tierra llamado Añoranza Pampina:
“Por
más lejos que me encuentre, nunca, nunca te olvidare". Olvidar el
lugar en el que uno nació es tan antinatural como olvidar a la madre. Hay un
lazo umbilical inobservable que nos vincula con esta geografía, tanto en la
abundancia como en la escasez, tanto en el bullicio de la confrontación como en
el calor de la amistad, tanto en el recuerdo vivo como en el olvido insensible,
y tanto en la diversión de los días festivos como en el aislamiento de la
soledad. Como una manera de agradecer a la madre tierra y a los recuerdos
benditos de la infancia vivida en compañía, tenemos el deber moral de
mantenernos siempre unidos, de volver siempre por el mismo camino que nos alejó
de ella; y de suavizar desavenencias entre hermanos y entre conciudadanos
para trabajar juntos, codo a codo, por su progreso y desarrollo.
Sentir la primera aspiración de aire pampino al
regresar a sus caminos y calles es un acto geológico que conmueve. El pecho se
expande, el olor a tierra mojada evoca memorias antiguas y las piernas nos
estimulan para que recorramos de nuevo cada rincón de nuestra patria. Así,
resuenan los ecos de la niñez: las bromas en el agua salada, la tranquilidad
monumental de Piedra Grande, el verdor de Pukapampa, la intimidad del escondido
Uchpuran y la vastedad que se extiende desde la llanura de Chahuan. Rememoramos
a Chejepampa y su encantadora represa; al manantial de Puquio, que hoy agoniza;
a la generosa Chontayoc; a Huaca Rumi, Espinopampa y Peypey; así como a
Matikancha, ese lugar ritual en el que se lava la ropa de los muertos. También
reverberan en la sección de algarrobo, refugio del camino y parada obligatoria
en el difícil ascenso desde Cuyuchin; Huayu y el constante murmullo del canal
de Ñahuin; Huacacorral, Pispal, Cacahuerta, Shicullbamba, La Comunidad,
Huampish, Percuran, Llipiaj, Trigopampa, Mirasanta, Llacusbamba, Ninabamba y
Pacatqui. A pesar de que muchos de estos lugares recientes pertenecen a distritos
vecinos, abarcaron y albergaron los años más efímeros y dichosos de nuestra
existencia.
En la memoria perdura el eco de los diálogos
que tuvimos con esos hombres y mujeres visionarios que sentaron las bases del
avance del pueblo. Los recordamos cuando diseñaban a pulso los canales de
riego, trazaban calles y abrían caminos; construían la venerada iglesia, las
aulas de nuestra escuela emblemática y la red de agua potable que tanto
deseábamos ver convertida en agua 100 % segura. Nos acordamos de la construcción
del puesto de salud, el local municipal, los parques y jardines; el cultivo
casero de huertos y campos; y el ruido sordo que provocan los gigantescos
molinos de piedra que funcionan con energía hidráulica. En la parte alta, el
olor azucarado del jugo de caña hervida indicaba la elaboración de chancaca,
chicha de caña y cañazo; por su parte, los huertos ofrecían naranjas frescas y
mantecosas paltas. Honramos a los que construyeron caminos que nos comunican
con la costa y el Callejón de Huaylas, a los que llevaron luz desde la Central
Hidroeléctrica del Cañón del Pato, a los que pusieron el alcantarillado y a los
que levantaron con esfuerzo el estadio San Francisco de Asís y las áreas
deportivas.
Es imposible no recordar la expedición
japonesa, encabezada por Kazuo Terada. Sus trabajos en el yacimiento
arqueológico de Buena Vista nos dejaron un estudio invaluable que está guardado
en la Biblioteca Nacional del Perú. A pesar de que actualmente existen algunas
traducciones en fotocopia, nos sigue faltando la tarea de repatriar las piezas
arqueológicas que yacen en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e
Historia del Perú, ubicado en Pueblo Libre, Lima. Es urgente promover el Museo
de Sitio en el área destinada a tal efecto, que está situada estratégicamente
antes de subir a la Piedra Grande, al lado del ángulo superior del recinto del
estadio.
La canalización del canal de riego de Ñahuin y
los esfuerzos realizados a tiempo para establecer la Subestación Eléctrica en
Yesopampa, un hecho que proporcionó estabilidad al servicio energético del
distrito, son algunas de las obras representativas que cambiaron nuestra vida.
De igual manera, la construcción de la Central Hidroeléctrica del Manta fue
posible debido a la intervención de nuestros líderes y autoridades ante el
Ministerio de Energía y Minas, en un proceso que estuvo marcado por tensiones
elevadas entre la compañía, los trabajadores locales y las agendas ambientales.
La habilitación de la vía por Huampish y Huarochirí fue otro paso crucial. Se
trazó en un principio como una opción temporal ante las averías geológicas en
Tres Cruces, pero luego se convirtió en una arteria permanente. La
pavimentación de las vías principales del núcleo urbano y la construcción del
palacio municipal durante dos gestiones sucesivas son también parte de esto, lo
que demuestra claramente que el desarrollo colaborativo es factible cuando
prevalece el interés general.
Ningún logro o avance hubiese sido posible, sin
la dedicación cotidiana de choferes, agricultores, obreros, costureras,
panaderos, hojalateros, carpinteros, herreros, albañiles y pequeños empresarios
que promovieron el transporte y el trabajo local nada de esto habría sido
posible. Queremos expresar nuestro reconocimiento a las familias pampinas que
han educado a sus hijos en la superación personal y el amor al trabajo, así
como a los pampinos que están organizados en agrupaciones de residentes en
Lima, Chimbote y otras regiones del mundo. Un reconocimiento merecido a
nuestros intelectuales y profesionales, a los deportistas y atletas valientes,
a los artistas, músicos y compositores que llenaron de sensibilidad y melodía
nuestro sentir, y a aquellos empresarios y emprendedores que abrieron senderos
de éxito más allá del ámbito local. En cada taller, foro, escenario o compañía
en los que tuvieron éxito, llevaron con ellos el nombre de La Pampa, aludiendo
a su lugar de origen con auténtico orgullo y dignificando nuestra tierra con su
habilidad. Además, honramos la memoria de quienes, a pesar de no haber nacido
en esta tierra, vinieron, se establecieron y dieron su vida por nuestra gente.
Finalmente, ser y estar
agradecidos con cada una de las autoridades: agentes municipales, alcaldes, subprefectos,
tenientes gobernadores, jueces de paz y regidores; así como a los líderes de
las comisiones de regantes, APAFAS y comités de productores; y también a las
juntas directivas de los clubes deportivos que influyeron en nuestra juventud.
Agradezco a los directores y entidades educativas de La Pampa, Mirasanta y
Llacusbamba; a los efectivos de la Policía Nacional (antes conocida como
Guardia Civil); a los médicos, enfermeros, parteras, técnicos y personal
sanitario; y sobre todo, a las familias generosas que cedieron sus terrenos
para proporcionar un hogar a la institucionalidad pampina. En la memoria de su
trabajo colectivo reside la fuerza insuperable de nuestra identidad.
Jangas, julio del 2026.

