domingo, 1 de noviembre de 2015

ANCASH: JUEGOS DE PODER

 … y una   gestión pública  al azar 
Edver  R. Paredes  Milla.
Allí está el tablero  regional, con las piezas  de  ajedrez a ambos  lados; esta el rey, la reina,  los caballos, torres, alfiles y peones;  un  tablero con  un  oficialismo que  juega sólo, porque  las piezas del otro  lado   del poder, el de la oposición, no se mueven, no  hay quien las  mueva; los líderes de los  movimientos  regionales que ocuparon el segundo y  tercer  lugar  en las  últimas  elecciones no juegan,  han desaparecido o  esperan que  el trono  quede vacío. Por ahora sólo se  mueven  algunos  alfiles  al estilo “llanero  solitario” que  juegan  a  super héroes, cada  quien  por su  lado, de manera espontánea,  esporádica,  dispersa,  coyuntural; no hay nada orgánico, nada  institucional, nada  partidario; incluso  las organizaciones  gremiales  guardan silencio cómplice. 

 Lo cierto es que el oficialismo en Ancash juega sólo y jugando sólo   juega mal; es evidente que no  saben o saben  muy poco  jugar al  ajedrez.  Para  jugar este  importante   deporte  no se requiere   ni  dados  ni cubiletes, no  es una partida de  ludo, no es un juego de azar;  el ajedrez  es distinto,  por eso  se  le llama  deporte  ciencia,  es  altamente  racional, analítica,  estratégica, táctica, prospectiva, en  síntesis  un juego   de alta rigurosidad   cognitiva; además no  puedes  mover las piezas de tu lado  sin mirar  el desplazamiento  de la  competencia,  porque es un proceso   dialéctico.  Al igual  que en el  deporte,  en la  política  y en la gestión se  necesita  de dos  equipos  como mínimo  para accionar,  algunos le  pueden llamar oposición; mucho  mejor si  los equipos contrarios  son de similar nivel competitivo  para  que haya adrenalina, control, aprendizaje  y recreación;   de lo  contrario  como en  toda actividad  competitiva  a  nadie le  gusta  jugar  en desventaja, en terreno disparejo;  muchas  veces  además  de  aburrido  se  torna   improductivo.

En esa lógica, los juegos de poder  en la que se han enredado las  figuras  políticas  del oficialismo del gobierno  regional de Ancash, entre ellos  los tres mosqueteros, son juegos  al azar, a la suerte, al destino, al libre albedrío y  hasta sometido a las señas  o signos de las fuerzas sobrenaturales; no sería  raro que   algunos de ellos  o todos  sean asiduos  visitantes del  chaman del  norte.  Esta forma  inusual  de  hacer política  está  afectando al sistema  de gestión pública regional, que afecta  inevitablemente  a la actividad privada; sin  una planificación estratégica consensuada, con  alta rotación de  funcionarios, inestabilidad en lo cargos, decisiones timoratas, incoherencias entre lo que dicen  y hacen, ineficiencia  e improvisación generalizada; que para   colmo de males  les llevó   a la locura  de elegir  directores de  UGEL  por  votación  a mano  alzada,  designar  funcionarios  provisionales y cambiarlos  en periodo  récord de una  semana, sin  argumento  alguno.

Voy cerrando  este articulo con  una metáfora que podría  ser ilustrativa: “Viajamos en el  servicio  de transporte  público  interprovincial Región Ancash,  mientras   el chofer y los copilotos se pelean en la cabina por quitarse el timón, el vehículo va sin control, con algunos  sonidos  extraños en el  motor,  hay  perdida acelerada   de combustible, el grifo más  cercano  está  todavía a muchos kilómetros  de distancia,  zona  de  neblina, los  faros están fallando . En tanto  sigue  la  pugna en la  cabina de conducción  el  vehículo  se sale continuamente de la  pista; como  sucede en  los casos  de emergencia  no hay  patrulleros  de control de carreteras, si consideramos  además que  los tres   de la cabina van sin licencia  de  conducir y embriagados de  poder;  los ayudantes  y cobradores  prefieren  guardar  silencio por que prefieren  cuidar su trabajo.  No hay quien  les haga  entrar  en razón  por que  los  pasajeros  vamos  cómodamente sentados  y  profundamente dormidos”.  

El  territorio  de   Ancash es accidentado, no  sigamos  jugando al gran bonetón, la región Ancash no es  la Tinka, no  es ningun  juego  de lotería,  no es  un  juego de  casino;  al paso que vamos terminaremos despistándonos  y  en  caída libre. Estamos a tiempo de corregir actitudes   por nuestro   bien y el de los demás, porque  el  futuro de un pueblo tienen que ser diseñado con  inteligencia  y no sometido  a  los  juegos de azar. 

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