martes, 23 de junio de 2026

MEJORANDO LA SALUD: LA GESTIÓN DEL CLAS LA PAMPA Y EL SALTO A LA MODERNIDAD

Por: Edver Roman PAREDES MILLA

Colección: Wayra Kutimuq

Hasta el primer quinquenio de la década de los 90, el panorama de los servicios de salud en nuestro distrito de La Pampa era restringido. Contábamos con un Puesto de Salud cuya atención recaía exclusivamente en dos técnicos nombrados; para cualquier atención profesional se tenía que acudir a Corongo, Caraz o Chimbote. El año 1995, la Dirección Regional de Salud (DIRESA) impulsaba un modelo innovador: el Programa de Administración Compartida, basado en una gestión conjunta entre el Estado y la comunidad; de tener la voluntad, la decisión y el cmpromiso, se tenía que conformar el Comité Local de Administración de Salud, en siglas CLAS.

El equipo de la DIRESA y del Centro de Salud Corongo, liderado por el Dr. Rony Villalva Li, había recorrido diversos distritos de la provincia buscando condiciones para implementar este programa, pero sin éxito. El último destino de aquella ruta fue nuestro distrito.

En mi calidad de docente del Colegio Santiago Antúnez de Mayolo, recibí a los funcionarios. Tras escuchar las ventajas de profesionalizar la atención médica en nuestro pueblo, no dudé un instante: era la oportunidad que La Pampa esperaba. Me puse manos a la obra y convoqué a los profesores Godfrey Valdés Mariño y Lila Lúcar Villalva, quienes con gran civismo se sumaron como integrantes de la primera junta Directiva.

Sin embargo, el camino burocrático fue empinado. Como toda persona jurídica, el Comité Local de Administración de Salud (CLAS) requería inscripción en Registros Públicos, gestiones bancarias y el armado de un expediente complejo ante la DIRESA Ancash. Todo esto exigía una inversión económica con la que no contábamos. Acudimos entonces al alcalde distrital, el Prof. Edward Acosta Niñez, quien con visión de progreso nos otorgó un préstamo que permitió viabilizar los trámites. Cabe destacar que, con el tiempo y bajo una administración responsable, el CLAS devolvió íntegramente dicho monto.

La espera dio frutos en septiembre del año siguiente. Se oficializó la creación del CLAS La Pampa, un logro histórico que transformó el Puesto de Salud en un centro de atención profesional. Fuimos dotados de un equipo multidisciplinario: un médico, una obstetriz, una enfermera y un técnico para el sector de Llacusbamba, Caserío que para entonces ya contaba con un nuevo local; también se contó con un presupuesto para ampliar el horario de atención por parte del personal técnico nombrado.

A partir de ese momento, la mejora fue imparable. Se adquirieron camillas, refrigeradoras para vacunas, equipos de cómputo, radios de comunicación, televisores para campañas preventivas y moderno instrumental médico. El antiguo local del Parque San Francisco se renovó por completo, optimizando también la gestión administrativa.

La Pampa hizo historia al convertirse en el primer Puesto de Salud de la provincia de Corongo en ofrecer servicios profesionales de salud; la comparación no incluye el Centro de Salud Corongo, que para entonces ya contaba con un equipo de profesionales de la salud. Este avance no solo benefició a los residentes locales, sino que atrajo a pacientes de diversos centros poblados, estancias e inclusos distritos, fortaleciendo los ingresos propios del establecimiento y garantizando su sostenibilidad del programa.

Tras casi tres años al frente de la Presidencia del CLAS, entregué la posta a una nueva directiva. Posteriormente, la solidez de este modelo permitió que el CLAS La Pampa se expandiera a nivel provincial, transformándose en lo que hoy conocemos como el CLAS Microred Corongo.

Escribo estas líneas para dejar constancia de una gestión nacida del esfuerzo desinteresado. Fortalecer la salud es la forma más noble de proteger a los más vulnerables; a aquellos que, por falta de recursos, solo cuentan con el hospital de su pueblo como baluarte frente a la adversidad. La historia del CLAS es, en esencia, la historia de un pueblo que decidió no esperar el futuro, sino construirlo.

 

Huaraz, abril del 2026.

LA PIEDRA GRANDE Hatun Rumy

Por: Edver Roman Paredes MillColección: Wayra Kutimuq. Jangas, 23 de junio del 2026.

Cual sea la ruta de ingreso a La Pampa, sea que vengas de Caraz o Chimbote, de Corongo o Sihuas, se verá imponente nuestra piedra grande en uno de los sectores más áridos del territorio de nuestro distrito. Está sentada en la parte baja de la ciudad, sobre un montículo que guarda tesoros del pasado, de lo queda de nuestros ancestros preincas. Está allí cual estatua de una deidad antigua, como un coloso guardián que todo lo ve, observa los 360° grados del gran Sitio Arqueológico Buena Vista. Una cruz en la cúspide nos indica que aquel monumento lítico —que representa el pasado, presente y tal vez el futuro de nuestra patria chica— no es cualquier piedra: es un símbolo especial para los pampinos, un santuario, por lo menos así se ve desde el lado oeste, un centro de adoración y sacrificios de nuestros antepasados. Además, la cueva grande bajo sus entrañas es un lugar con una gran frescura para descansar luego de un agitado y deshidratante recorrido, y si es de noche, se presta perfectamente para encender fogatas y pasarla bonito.

Cuántos recuerdos de los que hemos vivido nuestra infancia en La Pampa fluyen al mirar su silueta. Más allá de las caminatas subiendo al bosque de piedras, de dibujar y escribir mensajes en las pencas, o de asombrarnos ante el misterio de aquellos vestigios de la cultura preinca en la zona, el lugar guarda nuestra historia. Quienes hemos pasado la niñez pastando ovejas o cabras y recogiendo los frutos de las plantas silvestres, sabemos bien qué es haber disfrutado de un hermoso entorno, siempre bajo la fiel y constante vigilancia del coloso monumento de nuestra naturaleza, la Piedra Grande, el guardián que nos heredaron nuestros antepasados.

Ya siendo adolescentes y jóvenes, la gran roca se transformó en el escenario de incontables citas románticas bajo su sombra y las enormes piedras aledañas. No importaba si era de día bajo el abrasador calor del sol pampino, en horas de la tarde acompañado de la frescura del viento reconfortante o en horas de la noche bajo el manto de la oscuridad cómplice; el ambiente siempre se tornaba mágico junto a la luz nocturna de las luciérnagas y el cántico quejumbroso de alguna ave nocturna, sea de buen o mal agüero. En realidad, nada de eso importaba si estabas bien acompañado.

 Yo no tengo la suerte de haber trepado a la cumbre y no he disfrutado de contemplar desde allí el majestuoso bosque de tunas de Yeso Pampa, el rojiblanco color de la paradisíaca agua salada con su arroyo espumoso, las campiñas productivas de Puka Pampa y el espeso monte que cubre a Uchpuran con sus manantiales en riesgo de extinción. Tampoco he presenciado desde lo alto algún partido de fútbol en el estadio San Francisco o la panorámica del barrio 28 de Julio con su gran cantidad de viviendas y lo extenso del barrio Bellavista, que sigue creciendo imparable por el norte. Sin embargo, según escuché decir a los que han subido a la cumbre, la parte central de La Pampa se ve hermosa; la ciudad entera se rinde ante los ojos del que observa desde la parte más alta.

Actualmente, la cruz está conectada a la red de energía eléctrica general del distrito, por lo que sería una gran iniciativa mejorar su tamaño e iluminarla para permitir paseos nocturnos y promover la economía del barrio Buena Vista. Por el contrario, lo que sí debería estar estrictamente restringido es cualquier intento de escalada a su cumbre. Esto responde a los riesgos de accidentes que implica y además en razón a que el contacto humano constante deteriora el material lítico; está demostrado científicamente que este tipo de roca es frágil, un desgaste que ya es bastante notorio en la base de dicha estructura.

 Para un disfrute pleno de este bello entorno de manera responsable, los muchos senderos que serpentean en torno a la gran piedra, entre los laberintos caprichosos del bosque de rocas y tunales, se considera hoy como un espacio perfecto para caminatas de rutina y la práctica de un deporte tan de moda como el ciclismo de montaña, dejándonos llevar por el viento que sopla en las tardes con mayor intensidad, pero cuidando de no dañar las rutas marcadas.

Es un escenario perfecto para el descanso, un picnic ligero o almuerzo de campo, que no deje restos de alimento o algún daño mayor al paisaje; y para inmortalizar nuestra experiencia o aventura como se le llame, unas fotografías junto a la imponente piedra grande, el bosque de rocas, los gigantones, las pencas, las pitahayas y el florecer de los tunales. No obstante, una precisión, para salvaguardar nuestra herencia histórica subterránea y superficial de Buena Vista, el uso de todo vehículo motorizado queda descartado, dado que las vibraciones y su peso podría afectar el frágil suelo que custodia las únicas evidencias de nuestros ancestros preincas.

Con el tiempo, y si cada quien pone su granito de arena, Hatun Rumi puede convertirse en un atractivo turístico de primer nivel. Para ello, es vital cuidar la estructura, mantener limpia la cueva, prohibir las pintas en sus superficies y conservar intacto el camino construido a su alrededor. Asimismo, se deben proteger el bosque de piedras del entorno que simulan figuras de patos, sapos y pumas, además de preservar los tunales, pencas, gigantones, pitahayas y todo tipo de plantas silvestres que por allí abundan. Finalmente, si los ciudadanos del barrio de Buena Vista organizan tardes culturales con música pampina y venta de anticuchos, cachangas o picarones, la zona no solo mantendrá su enorme potencial paisajístico, sino que pasará a tener un gran desarrollo económico.

 

 

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