Cual sea la
ruta de ingreso a La Pampa, sea que vengas de Caraz o Chimbote, de Corongo o
Sihuas, se verá imponente nuestra piedra grande en uno de los sectores más
áridos del territorio de nuestro distrito. Está sentada en la parte baja de la
ciudad, sobre un montículo que guarda tesoros del pasado, de lo queda de
nuestros ancestros preincas. Está allí cual estatua de una deidad antigua, como
un coloso guardián que todo lo ve, observa los 360° grados del gran Sitio
Arqueológico Buena Vista. Una cruz en la cúspide nos indica que aquel monumento
lítico —que representa el pasado, presente y tal vez el futuro de nuestra
patria chica— no es cualquier piedra: es un símbolo especial para los pampinos,
un santuario, por lo menos así se ve desde el lado oeste, un centro de
adoración y sacrificios de nuestros antepasados. Además, la cueva grande bajo
sus entrañas es un lugar con una gran frescura para descansar luego de un
agitado y deshidratante recorrido, y si es de noche, se presta perfectamente
para encender fogatas y pasarla bonito.
Cuántos recuerdos de los que hemos vivido nuestra infancia en La Pampa fluyen al mirar su silueta. Más allá de las caminatas subiendo al bosque de piedras, de dibujar y escribir mensajes en las pencas, o de asombrarnos ante el misterio de aquellos vestigios de la cultura preinca en la zona, el lugar guarda nuestra historia. Quienes hemos pasado la niñez pastando ovejas o cabras y recogiendo los frutos de las plantas silvestres, sabemos bien qué es haber disfrutado de un hermoso entorno, siempre bajo la fiel y constante vigilancia del coloso monumento de nuestra naturaleza, la Piedra Grande, el guardián que nos heredaron nuestros antepasados.
Ya siendo adolescentes y jóvenes, la gran roca se transformó en el escenario de incontables citas románticas bajo su sombra y las enormes piedras aledañas. No importaba si era de día bajo el abrasador calor del sol pampino, en horas de la tarde acompañado de la frescura del viento reconfortante o en horas de la noche bajo el manto de la oscuridad cómplice; el ambiente siempre se tornaba mágico junto a la luz nocturna de las luciérnagas y el cántico quejumbroso de alguna ave nocturna, sea de buen o mal agüero. En realidad, nada de eso importaba si estabas bien acompañado.
Actualmente, la cruz está conectada a la red de energía eléctrica general del distrito, por lo que sería una gran iniciativa mejorar su tamaño e iluminarla para permitir paseos nocturnos y promover la economía del barrio Buena Vista. Por el contrario, lo que sí debería estar estrictamente restringido es cualquier intento de escalada a su cumbre. Esto responde a los riesgos de accidentes que implica y además en razón a que el contacto humano constante deteriora el material lítico; está demostrado científicamente que este tipo de roca es frágil, un desgaste que ya es bastante notorio en la base de dicha estructura.
Es un escenario perfecto para el descanso, un picnic ligero o almuerzo de campo, que no deje restos de alimento o algún daño mayor al paisaje; y para inmortalizar nuestra experiencia o aventura como se le llame, unas fotografías junto a la imponente piedra grande, el bosque de rocas, los gigantones, las pencas, las pitahayas y el florecer de los tunales. No obstante, una precisión, para salvaguardar nuestra herencia histórica subterránea y superficial de Buena Vista, el uso de todo vehículo motorizado queda descartado, dado que las vibraciones y su peso podría afectar el frágil suelo que custodia las únicas evidencias de nuestros ancestros preincas.
Con el tiempo, y si cada quien pone su granito de arena, Hatun Rumi puede convertirse en un atractivo turístico de primer nivel. Para ello, es vital cuidar la estructura, mantener limpia la cueva, prohibir las pintas en sus superficies y conservar intacto el camino construido a su alrededor. Asimismo, se deben proteger el bosque de piedras del entorno que simulan figuras de patos, sapos y pumas, además de preservar los tunales, pencas, gigantones, pitahayas y todo tipo de plantas silvestres que por allí abundan. Finalmente, si los ciudadanos del barrio de Buena Vista organizan tardes culturales con música pampina y venta de anticuchos, cachangas o picarones, la zona no solo mantendrá su enorme potencial paisajístico, sino que pasará a tener un gran desarrollo económico.


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