martes, 23 de junio de 2026

LA PIEDRA GRANDE Hatun Rumy

Por: Edver Roman Paredes MillColección: Wayra Kutimuq. Jangas, 23 de junio del 2026.

Cual sea la ruta de ingreso a La Pampa, sea que vengas de Caraz o Chimbote, de Corongo o Sihuas, se verá imponente nuestra piedra grande en uno de los sectores más áridos del territorio de nuestro distrito. Está sentada en la parte baja de la ciudad, sobre un montículo que guarda tesoros del pasado, de lo queda de nuestros ancestros preincas. Está allí cual estatua de una deidad antigua, como un coloso guardián que todo lo ve, observa los 360° grados del gran Sitio Arqueológico Buena Vista. Una cruz en la cúspide nos indica que aquel monumento lítico —que representa el pasado, presente y tal vez el futuro de nuestra patria chica— no es cualquier piedra: es un símbolo especial para los pampinos, un santuario, por lo menos así se ve desde el lado oeste, un centro de adoración y sacrificios de nuestros antepasados. Además, la cueva grande bajo sus entrañas es un lugar con una gran frescura para descansar luego de un agitado y deshidratante recorrido, y si es de noche, se presta perfectamente para encender fogatas y pasarla bonito.

Cuántos recuerdos de los que hemos vivido nuestra infancia en La Pampa fluyen al mirar su silueta. Más allá de las caminatas subiendo al bosque de piedras, de dibujar y escribir mensajes en las pencas, o de asombrarnos ante el misterio de aquellos vestigios de la cultura preinca en la zona, el lugar guarda nuestra historia. Quienes hemos pasado la niñez pastando ovejas o cabras y recogiendo los frutos de las plantas silvestres, sabemos bien qué es haber disfrutado de un hermoso entorno, siempre bajo la fiel y constante vigilancia del coloso monumento de nuestra naturaleza, la Piedra Grande, el guardián que nos heredaron nuestros antepasados.

Ya siendo adolescentes y jóvenes, la gran roca se transformó en el escenario de incontables citas románticas bajo su sombra y las enormes piedras aledañas. No importaba si era de día bajo el abrasador calor del sol pampino, en horas de la tarde acompañado de la frescura del viento reconfortante o en horas de la noche bajo el manto de la oscuridad cómplice; el ambiente siempre se tornaba mágico junto a la luz nocturna de las luciérnagas y el cántico quejumbroso de alguna ave nocturna, sea de buen o mal agüero. En realidad, nada de eso importaba si estabas bien acompañado.

 Yo no tengo la suerte de haber trepado a la cumbre y no he disfrutado de contemplar desde allí el majestuoso bosque de tunas de Yeso Pampa, el rojiblanco color de la paradisíaca agua salada con su arroyo espumoso, las campiñas productivas de Puka Pampa y el espeso monte que cubre a Uchpuran con sus manantiales en riesgo de extinción. Tampoco he presenciado desde lo alto algún partido de fútbol en el estadio San Francisco o la panorámica del barrio 28 de Julio con su gran cantidad de viviendas y lo extenso del barrio Bellavista, que sigue creciendo imparable por el norte. Sin embargo, según escuché decir a los que han subido a la cumbre, la parte central de La Pampa se ve hermosa; la ciudad entera se rinde ante los ojos del que observa desde la parte más alta.

Actualmente, la cruz está conectada a la red de energía eléctrica general del distrito, por lo que sería una gran iniciativa mejorar su tamaño e iluminarla para permitir paseos nocturnos y promover la economía del barrio Buena Vista. Por el contrario, lo que sí debería estar estrictamente restringido es cualquier intento de escalada a su cumbre. Esto responde a los riesgos de accidentes que implica y además en razón a que el contacto humano constante deteriora el material lítico; está demostrado científicamente que este tipo de roca es frágil, un desgaste que ya es bastante notorio en la base de dicha estructura.

 Para un disfrute pleno de este bello entorno de manera responsable, los muchos senderos que serpentean en torno a la gran piedra, entre los laberintos caprichosos del bosque de rocas y tunales, se considera hoy como un espacio perfecto para caminatas de rutina y la práctica de un deporte tan de moda como el ciclismo de montaña, dejándonos llevar por el viento que sopla en las tardes con mayor intensidad, pero cuidando de no dañar las rutas marcadas.

Es un escenario perfecto para el descanso, un picnic ligero o almuerzo de campo, que no deje restos de alimento o algún daño mayor al paisaje; y para inmortalizar nuestra experiencia o aventura como se le llame, unas fotografías junto a la imponente piedra grande, el bosque de rocas, los gigantones, las pencas, las pitahayas y el florecer de los tunales. No obstante, una precisión, para salvaguardar nuestra herencia histórica subterránea y superficial de Buena Vista, el uso de todo vehículo motorizado queda descartado, dado que las vibraciones y su peso podría afectar el frágil suelo que custodia las únicas evidencias de nuestros ancestros preincas.

Con el tiempo, y si cada quien pone su granito de arena, Hatun Rumi puede convertirse en un atractivo turístico de primer nivel. Para ello, es vital cuidar la estructura, mantener limpia la cueva, prohibir las pintas en sus superficies y conservar intacto el camino construido a su alrededor. Asimismo, se deben proteger el bosque de piedras del entorno que simulan figuras de patos, sapos y pumas, además de preservar los tunales, pencas, gigantones, pitahayas y todo tipo de plantas silvestres que por allí abundan. Finalmente, si los ciudadanos del barrio de Buena Vista organizan tardes culturales con música pampina y venta de anticuchos, cachangas o picarones, la zona no solo mantendrá su enorme potencial paisajístico, sino que pasará a tener un gran desarrollo económico.

 

 

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