jueves, 11 de diciembre de 2025

EL DOCENTE DE ESTOS TIEMPOS: Cada día más psicólogo y menos pedagogo. Lic. Edver PAREDES MILLA

 

“De todas las victorias humanas les toca a los maestros, en gran parte, el mérito. De todas las derrotas les toca en cambio, en gran parte, la responsabilidad”.

J.C.  Mariátegui.

Yo no tuve la valentía que tuvieron y tienen muchos maestros de jugarse la vida por ser docentes de aula desde el inicio hasta el fin de su carrera magisterial. Esa es la razón por la cual siempre he tenido las mejores consideraciones por mis colegas maestros, tanto de la zona urbana como de las zonas rurales; por ese despliegue de capacidades y esa fuerza de voluntad para dedicar gran parte de su tiempo a los niños, niñas y adolescentes de nuestra patria, aun a riesgo de descuidar el cuidado de los suyos.

De mi parte, siempre ha sido mi mayor frustración no haber podido brindarles ese reconocimiento concreto a los maestros, más allá de mi aporte como capacitador o facilitador de talleres en innumerables eventos y actividades académicas. Nunca pude romper esas trabas administrativas que dificultan otorgarles un merecido reconocimiento a las maestras y maestros innovadores, y que este sea pertinente y oportuno.

Tal vez el poco valor que el Estado y la sociedad en general brindan a nuestros Maestros de Escuela se deba a que les pedimos tanto, pero les ofrecemos tan poco. Es allí cuando creemos que, hagan lo que hagan, nunca es suficiente. Esperamos demasiado de este profesional del sistema educativo, que por más cariño y afecto que tenga por nuestros estudiantes, no tiene una lámpara mágica ni es Aladino para resolver, con una sola frotación, los problemas que rodean el contexto social y familiar de los escolares.

Está claro que el profesor no puede ponerse sobre los hombros los pendientes que existen en la sociedad y en la familia respecto a la vida de un escolar. No puede suplir necesidades aún insatisfechas de los seres humanos en edad escolar: una buena alimentación, el buen trato y afecto como corresponde, útiles escolares que faciliten el aprendizaje, agua segura en su vivienda, un buen estado de salud, energía eléctrica, conectividad, movilidad para llegar a su escuela… necesidades que afectan tanto a escuelas rurales como urbanas.

Y frente a las dificultades de convivencia y relacionamiento en las escuelas —un tema de enorme complejidad que hasta ahora no ha encontrado eco real en las autoridades— terminamos esperando de un maestro más psicólogo que pedagogo. A veces incluso queremos un docente terapeuta, enfermero, y en los casos de conflictos interpersonales, abogado o conciliador. Asumir el rol de papá o mamá cuando faltan útiles escolares y el propio maestro debe proporcionarlos; o, ante situaciones de acoso escolar, hacerla de consejero emocional.

En resumen, queremos que el maestro sea un superhéroe. Y, aunque en algunos casos lo es, no debería serlo. Porque hacer cosas que no le corresponden como rol, función o competencia solo demuestra la necesidad de apoyarlo con condiciones básicas mínimas para que él o ella se dedique a lo que verdaderamente sabe y debe hacer: generar buenos aprendizajes y que estos sean de calidad.

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