EL DIALOGO AUSENTE EN LA CONTIENDA ELECTORAL.
Un evidente síntoma de inmadurez política.
A diferencia de las competencias deportivas de un evento olímpico cualquiera, en la carrera electoral no se inicia la competencia con un disparo u otra señal peculiar que nos indique el preciso instante de la partida; en la arena política cada competidor elige el mejor momento para iniciar su campaña, no importa cuándo, cómo, ni dónde empiece, el asunto es llegar al final con la mayoría de votos, el asunto es ganar, poco importa la forma. Sin embargo para los actores sociales el tema es claro, tener poder político es más que ganar unas elecciones cada cierto periodo; triunfar en un proceso electoral no queda en haber obtenido una mayor votación, las interrogantes que se nos queda en el diván, ayudará a profundizar nuestra reflexión: ¿Cuál es nuestra ruta? ¿Quiénes son nuestros aliados? ¿Con qué estrategias contamos?, ¿De cuánto recurso disponemos? ¿Cuáles son los resultados que esperamos?
Al respecto, entre una de sus extraordinarias reflexiones, el ex economista en Jefe del Banco Mundial y Laureado Nobel Joseph Stiglitz nos indicaba que “La participación no se refiere sólo a votar … [Sino que] se refiere a que las personas tengan una voz en las decisiones que les afectan”.
Cuántos candidatos al máximo cargo regional y a los 166 sillones municipales de Ancash están dispuestos a escuchar las demandas de los sectores más excluidos de la población, a dialogar en democracia y reconocer cuánto se puede aprender del contendor, a iniciar una comunicación más horizontal con los electores para tocar con sus propios oídos la dura realidad, desarrollando el hábito de escuchar y conversar con frecuencia para socializar nuestros aprendizajes en un ambiente de respeto y tolerancia; en resumen nos inquieta saber cuántos de los ganadores están dispuestos a gobernar para todos y con todos, empezando por convocar a los cuadros políticos y técnicos de la oposición para dialogar y concertar desde el primer día de gestión, en éste escenario cobra vida la frase sabia de nuestro recordado amauta: “no vale el grito aislado por más fuerte que sea el eco” .
A fin de concretar la comunicación entre gobernantes electos y población en general , en los últimos años se ha tratado y trabajado mucho el tema de la participación ciudadana como una estrategia para acercar a los actores gubernamentales y de la sociedad civil, para abordar en forma colectiva y corporativa los problemas sociales más complejos, partiendo de las demandas sociales y no quedarse tan sólo en la oferta electoral. Los facilitadores y promotores de los procesos participativos, manifiestan que reunir a las personas no es fácil ni suficiente. En muchos lugares existe una desilusión pública ampliamente difundida que surge de la decepción en los procesos participativos donde, desde un inicio, han surgido grandes expectativas pero que lamentablemente se fracasó en la entrega de resultados.
“La política no es sólo un asunto enteramente de valores o principios”, dijo el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza en octubre del 2 005, “el objetivo de la política es proporcionar resultados beneficiosos a las personas”, agregó. En esa perspectiva reconocemos que en nuestro escenario local, regional y nacional, no hemos logrado significativos avances en el cumplimiento de dicho objetivo.
Existe la necesidad de llevarnos bien, de generar espacios de diálogo entre partidos políticos, entre éstos y las autoridades elegidas, entre las autoridades elegidas y la población en general; debemos dialogar con más frecuencia, conversar sobre los asuntos de interés público, fortaleciendo la voluntad y las habilidades básicas para formular y desarrollar planes y programas que enfrenten las necesidades de la sociedad en su conjunto.
El desarrollo de los planes forja el consenso alrededor de las propuestas y el necesario alineamiento en torno a las acciones que se emprendan. Son esenciales para asegurar el soporte y la cooperación de actores sociales claves tales como empresas, trabajadores, organizaciones de la sociedad civil. Esto es mucho más importante cuando la agenda social personifica una visión positiva de dónde la sociedad tomará su respectiva hoja de ruta, y con ella la mayor probabilidad que pueda ser sostenida a pesar de los cambios de liderazgo político.
Edver R. PAREDES MILLA.
Educador Ancashino.