Un serio dilema entre
el capital monetario
y
capital moral
Cuánto vale
ser honesto en
tiempos de corrupción.
Si expresamos ese valor humano
tan especial en términos monetarios, todos estamos de acuerdo que no vale un
céntimo; pero si
hacemos una conversión de su valor en
capital ético y moral, la riqueza social que podría
acumular una persona honesta
durante sus años vividos, seria
incalculable, inmensurable, que le permitiría
vivir, no rodeado de abundancias materiales, pero si con
dignidad; tal vez poco valorado en vida, pero recordado con admiración mas allá de su muerte.
Lo cierto es que no se sabe desde
cuándo o tal desde hace años o desde
el origen de la vida, la corrupción nos
hace solapada pero
evidente compañía; y a vista y paciencia
de las autoridades y de todos nosotros, hace estragos en
un país que a
la fecha no ha superado los niveles
preocupantes y alarmantes de
pobreza. Esta lacra social “puede
ser el obstáculo individual más devastador que se opone al desarrollo
económico, social y político en países que carecen de sistemas políticos
abiertos”, lo expresa PETER EIGEN, Presidente de Transparencia
Internacional.
Lo que sí se
sabe es que hoy en día ya
nadie quiere ser honesto, no es “negocio” serlo; en justificación simple sabemos que para el común de la gente, el
honesto es el “quedado”, “poco
servicial”, “el puritano”, en
general el “tonto” de la historieta y paradójicamente el corrupto resulta ser el “vivo” , “el que se la
sabe todas” y “lo hace muy bien” “; inclusive condecorado en el diario
vivir como “hábil” “cerebro” “inteligente”
“astuto” “mosca”, entre otras denominaciones muy populares
y por el entre comillas, a veces no tan honrosas.
Nos hemos
dejado ganar por la cultura del “peruano vivo”, ese que engaña, engatusa, el
embaucador, el que se apropia de autorías ajenas, el que altera el contenido de un producto en venta, el que no
duda en traicionar a sus amigos, el que fragua la balanza
para engañar al cliente, el que
sobrevalora los precios, el que niega
una deuda, el que altera los
comprobantes de pago, el que cobra el
popular “diezmo” en la concesión de un proyecto, el que cobra una coima para
acelerar un servicio, el que no
respeta la democracia y se entornilla en
el poder por cualquier medio, el que extorsiona, el que secuestra o rapta, el que “chuponea” las comunicaciones, el que manipula
para quedarse con la herencia de la familia, el que vende drogas, los
cómplices del aborto, integrantes
de organizaciones que explotan sin
misericordia a niños y niñas, los que abusan
sexualmente incluso de sus parientes, hostigan sexualmente a sus
empleados, violan salvajemente y no dudan en asesinar a sus víctimas , el ingrato
que se olvida de sus
padres, esposa o hijos, el que
tiene un grado académico o título profesional sin haber estudiado jamás en un centro de
formación, el que vende exámenes
desarrollados antes de un
concurso, el que si asume un cargo lo primero que hace es colocar a personas de su
entorno más cercano o vende los puestos a cambio de una coima o favor
sexual, afectando el derecho de los
demás; ese que con tal de obtener
beneficios, no le importa burlarse de
la ley, acumular riqueza monetaria, comprar
la justicia y atropellar el
derecho de los demás.
En ese sentido
el tema de la corrupción si bien es un asunto público en conceptos
legales, su exterminio nos debería comprometer a todos, cada quien desde
su tribuna de vida .
Así como en la extraordinaria novela
de Gabriel García Márquez, los tiempos
del cólera no han quedado atrás,
pese a los partes presentado
por las autoridades sanitarias; tampoco el amor ha quedado atrás , por que el amor es amor “en cualquier tiempo
y en cualquier parte, pero cuanto más
denso es el amor cuanto más se acerca la muerte”. En nuestro caso, de igual forma consideramos que los tiempos de corrupción no han quedado atrás, a pesar de
las denuncias judiciales, procesos y sentencias; pero tampoco han quedado
atrás los tiempos de honestidad, puesto
que la honestidad es
honestidad “en cualquier tiempo y cualquier parte, pero tanto más
reluciente y más digna es la HONESTIDAD , cuanto más aumenta y se expande la corrupción”
29 de Marzo del 2009
Edver
Román Paredes Milla
Educador
Ancashino.