sábado, 8 de febrero de 2014

LA HONESTIDAD EN TIEMPOS DE CORRUPCIÓN.


Un serio dilema  entre  el  capital monetario
 y  capital moral
Cuánto vale ser  honesto   en  tiempos  de  corrupción.  Si expresamos ese valor  humano tan especial  en  términos monetarios,  todos estamos de acuerdo que no vale un céntimo;  pero  si  hacemos una conversión de su valor en  capital  ético y moral, la  riqueza social  que podría  acumular una persona  honesta durante sus años  vividos, seria incalculable, inmensurable, que le permitiría  vivir, no rodeado  de  abundancias materiales, pero  si  con dignidad;  tal vez  poco  valorado en vida, pero recordado  con admiración  mas allá de su muerte.
Lo cierto  es que no se sabe  desde  cuándo  o tal desde hace años  o desde  el origen de la vida, la corrupción  nos  hace  solapada  pero  evidente compañía; y a vista y paciencia  de  las autoridades   y de todos nosotros, hace estragos  en  un  país  que  a la fecha  no  ha superado los  niveles  preocupantes y alarmantes  de pobreza.  Esta lacra  social “puede ser el obstáculo individual más devastador que se opone al desarrollo  económico, social y político en países que carecen de sistemas políticos abiertos”, lo expresa PETER EIGEN, Presidente de Transparencia Internacional.
Lo  que sí se  sabe  es que hoy en  día  ya nadie quiere ser  honesto,  no es “negocio” serlo; en justificación  simple sabemos  que  para el común de  la gente, el   honesto  es el “quedado”, “poco servicial”, “el puritano”,  en general  el  “tonto” de la historieta  y   paradójicamente el corrupto resulta  ser   el “vivo” ,  “el que se la  sabe todas” y “lo hace muy bien” “;  inclusive condecorado  en el diario  vivir  como “hábil” “cerebro” “inteligente” “astuto” “mosca”, entre otras denominaciones muy  populares  y  por el entre comillas,  a veces no tan honrosas.
Nos hemos dejado ganar por la cultura del “peruano vivo”, ese que engaña, engatusa, el embaucador,  el que se apropia de  autorías ajenas,  el que altera el contenido de  un producto en venta, el  que no  duda  en traicionar  a sus amigos, el que fragua la balanza para  engañar al cliente, el que sobrevalora los precios, el que  niega una deuda, el que altera  los comprobantes de pago, el  que cobra el popular “diezmo” en la concesión de un proyecto,  el que cobra una  coima para  acelerar un servicio, el que  no respeta  la democracia y se entornilla en el poder por cualquier medio, el que extorsiona, el que  secuestra o rapta,  el que “chuponea”  las comunicaciones, el que  manipula  para quedarse con la herencia de la familia, el que vende drogas, los cómplices del aborto,  integrantes de  organizaciones que explotan sin misericordia a niños y niñas, los que  abusan  sexualmente incluso de sus parientes, hostigan sexualmente a sus empleados,  violan salvajemente  y no dudan en asesinar a sus víctimas , el ingrato que  se olvida  de  sus padres, esposa  o hijos,  el que  tiene un grado académico o título profesional  sin haber estudiado jamás en un centro de formación, el que vende exámenes  desarrollados antes de  un concurso, el que  si asume un cargo  lo primero que hace es colocar a personas  de  su entorno  más cercano o vende  los puestos a cambio de una coima o favor sexual, afectando el derecho  de los demás;  ese que con tal de obtener beneficios, no le importa   burlarse de la ley, acumular riqueza monetaria, comprar  la justicia y  atropellar el derecho de  los demás.
En ese  sentido  el  tema de la corrupción  si bien es un asunto público  en conceptos  legales, su  exterminio nos  debería comprometer a todos, cada quien desde su tribuna  de  vida .  Así  como en la extraordinaria novela de  Gabriel García Márquez, los tiempos del cólera  no han quedado atrás, pese  a los partes  presentado  por  las autoridades sanitarias;  tampoco el amor  ha quedado atrás , por que  el amor es amor “en cualquier  tiempo  y en cualquier  parte, pero  cuanto más  denso   es el amor cuanto más  se acerca la muerte”.  En nuestro caso, de igual  forma consideramos  que   los tiempos de  corrupción no han quedado atrás, a pesar de las  denuncias judiciales,  procesos y sentencias; pero tampoco han quedado atrás los tiempos de honestidad, puesto  que la honestidad   es honestidad  “en cualquier  tiempo y cualquier parte, pero tanto más reluciente y más  digna es la  HONESTIDAD , cuanto más  aumenta y se expande la corrupción”
29  de Marzo  del 2009 
Edver  Román Paredes Milla

Educador  Ancashino.

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