… el poder político.
Hoy más que antes
y tal vez mañana más
que hoy, vemos que el entusiasmo de la gente por ingresar al ruedo político
electoral, es cada vez mayor; sean
estos actores políticos, técnicos o sociales; hay una aspiración impostergable y deseo desmedido por asumir cargos en el sector gubernamental; sea en el nivel
local, regional o nacional. Desde
hace poco a los candidatos les da lo mismo aspirar al cargo de regidor,
alcalde, consejero, presidente regional,
congresista o presidente; poco importa el perfil o la trayectoria. Si la
norma electoral lo permitiera no
dudarían en postular a todos
los cargos simultáneamente; mas
parece un juego de azahar, una apuesta por lo
incierto; parece que lo único que importa es
conquistar el poder político por
cualquier camino y a cualquier costo. Está
claro que el propósito
no es para servir a
los demás sino asegurarse un futuro económico sostenible o
simplemente cambiar de
estatus quo; hacerse
visible en esta selva comercial y
consumista, donde el dinero
es la presa más deseada.
Cegados por
esa ambición desmedida a
ostentar el poder político, muy pocos se han dado tiempo para
reflexionar sobre sus fortalezas
y debilidades, para reconocer las oportunidades
y amenazas de su entorno; por un lado jóvenes que se lanzan a la aventura poco conscientes que
para gobernar no es suficiente la
voluntad y el atrevimiento, hace
falta una dosis muy
densa de sabiduría que
además de los estudios te da la experiencia y la vida misma; y por otro, nuestros adultos
con el complejo de que lo saben todo no
han madurado lo suficiente para entender
que hay que abrir las oportunidades para
renovar la política incorporando
a gente joven
que nos aseguren continuidad de los proyectos en el tiempo, tanto a nivel de gestión pública como a nivel político partidario.
Se complica la cosa cuando durante
la carrera hacia el sillón del
poder y estando ya sentados
en ella; sean jóvenes
o adultos, se rodean de gente
poco inteligente; tiene mayor
peso el criterio de la amistad, la familiaridad
y el protagonismo en la campaña, que la inteligencia
del estratega que se necesita para gobernar bien la cosa pública.
Y así entre
carreras, caídas y resurgimientos, hay
un variopinto ejercito de Quijotes que
se lanzan a la aventura política;
viendo gigantes donde
sólo hay molinos de viento; con más
de una dulcinea que les sale al paso para
incrementar su ceguera de poder y conducirlos hacia otros placeres; cabalgando a
Rocinante hacia reinos
imposibles, sin escuchar razones;
con infieles escuderos que no
les dejan mirar más allá del
ombligo del poder. Sólo
que a diferencia de la
novela del gran Miguel de Cervantes, la política no es ficción y requiere además de grandes visionarios, hombres prácticos que
resuelvan con eficacia y
eficiencia los problemas que aquejan
día a día al ciudadano que los eligió, como quien dice “ volar
alto pero con los pies en la
tierra”.
