viernes, 19 de agosto de 2016

LA OTRA TENTACIÓN.


… el poder político.
Edver Paredes
Hoy más que antes y  tal vez   mañana más  que hoy, vemos que el entusiasmo de la gente por ingresar al ruedo político electoral, es cada vez  mayor; sean estos  actores  políticos, técnicos o  sociales; hay una aspiración impostergable y  deseo desmedido por asumir cargos  en el sector gubernamental; sea en el  nivel  local, regional o nacional.  Desde hace poco a los candidatos les da lo mismo aspirar al cargo de regidor, alcalde, consejero, presidente regional,   congresista o presidente; poco importa el perfil o la trayectoria. Si la norma electoral  lo permitiera no dudarían  en postular a  todos  los cargos  simultáneamente; mas parece  un juego   de azahar, una apuesta  por  lo incierto; parece que lo  único que  importa es   conquistar  el poder político por cualquier camino   y a cualquier costo. Está claro  que el  propósito  no es  para  servir a  los demás sino  asegurarse  un futuro económico sostenible  o  simplemente cambiar de  estatus  quo;  hacerse  visible  en esta selva  comercial y  consumista, donde  el dinero es  la presa más deseada.

Cegados  por  esa  ambición  desmedida a  ostentar  el  poder político,   muy pocos se han dado tiempo  para  reflexionar sobre   sus fortalezas y debilidades, para reconocer  las  oportunidades  y amenazas de  su entorno;  por un lado  jóvenes que  se lanzan a la aventura poco conscientes  que  para  gobernar no es suficiente la voluntad y el atrevimiento,   hace falta  una dosis  muy  densa de  sabiduría  que  además de los  estudios  te da la experiencia  y la vida misma; y por otro, nuestros adultos con el complejo  de que lo saben todo no han madurado lo suficiente  para entender que  hay que  abrir las oportunidades  para   renovar  la política  incorporando  a  gente  joven  que nos aseguren continuidad de los proyectos  en el tiempo, tanto a nivel  de gestión pública como a nivel político  partidario.   Se  complica la cosa cuando  durante  la carrera   hacia  el sillón del  poder y estando  ya sentados en  ella; sean  jóvenes  o adultos, se  rodean de  gente  poco inteligente; tiene  mayor peso el criterio de la amistad, la  familiaridad y  el protagonismo en  la campaña, que  la  inteligencia del estratega que se necesita para gobernar bien la cosa pública. 

Y así entre carreras, caídas  y resurgimientos, hay un variopinto ejercito de  Quijotes que se lanzan a la aventura  política; viendo   gigantes  donde  sólo hay molinos de viento; con más  de una  dulcinea que  les sale al paso  para  incrementar su ceguera de poder y conducirlos  hacia otros placeres; cabalgando a Rocinante  hacia  reinos  imposibles, sin escuchar  razones; con infieles  escuderos  que  no les  dejan mirar más allá del ombligo  del  poder. Sólo  que  a diferencia  de la   novela del gran Miguel  de  Cervantes, la política  no es ficción y  requiere además  de grandes visionarios, hombres  prácticos que  resuelvan  con eficacia y eficiencia los problemas  que  aquejan  día a día al  ciudadano que los  eligió, como quien  dice “ volar  alto pero con los pies  en la tierra”.

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