domingo, 23 de agosto de 2026

EL PARQUE SAN FRANCISCO DE ASÍS: Tradición y memoria viva de La Pampa

 Por: Edver Roman PAREDES MILLA

Colección: Wayra Qutimuq

El Parque San Francisco de Asís es mucho más que un diseño urbano: es el gran centro de nuestra memoria colectiva y testigo fiel de aquellos años maravillosos de nuestra vida pasada en La Pampa. Tiempos aquellos en que todavía lo denominábamos Plaza de Armas — mucho antes de que se construyera la Plaza Mayor frente al actual local municipal—, aquel espacio libre y de pura tierra, era el escenario preferido de nuestras travesuras infantiles. Mientras nuestros padres asistían con devoción al interior del templo, nosotros nos adueñábamos del llano: corríamos sin freno tras una pelota de cuero o de jebe, jugábamos «manito», «mata gente», «mundo», “las escondidas”, “kiwi”, entre otros juegos ancestrales.

Hablar de la imponente iglesia matriz y de sus históricas gradas amerita una crónica aparte; hoy nos convoca la memoria de esta plaza cuyo uso mutaba en función a las fechas del calendario. Cada mes de octubre, con motivo de la fiesta patronal de San Francisco, San Miguel de Arcangel y Señor de los Milagros, el espacio se convertía en pista predilecta para las carreras de caballos o llamado también carrera de cintas. Incluso, en ocasiones memorables, se cerraban los cuatro accesos —tanto por el jirón Lima como por la calle Luis Acosta Guerrero— para transformarlo en un improvisado ruedo taurino. Al llegar febrero y marzo, el polvo daba paso a la algarabía de los carnavales, albergando las noches de rompimiento en la víspera, con la presencia obligatoria de los bailarines. Allí mismo, durante la Festividad Patronal, en el centro de la explanada y ante el asombro de todas las generaciones de lugareños y visitantes, los castillos pirotécnicos ardían con su estallido de luces, con olor a pólvora y silbidos festivos, propio de los fuegos artificiales.

El gran cambio comenzó con la llegada al sillón municipal de don Alberto Manrique Olivera, recordado con afecto y respeto por todo el pueblo como «Beto» Manrique. Hombre de empresa y vecino audaz, don Beto asumió la conducción edilicia en una etapa crucial para el país: el restablecimiento del proceso democrático municipal impulsado por el presidente Fernando Belaúnde Terry, quien convocó a las primeras elecciones locales en todo el territorio nacional.

Junto a su equipo de regidores —Andrés Manrique Olivera, Alberto Villalva Sotomayor, Benedicto Bonifaz y Ricardo Palacios Calderón—, el Señor Alcalde emprendió la titánica tarea de transformar aquel pampón en el moderno Parque. Eran tiempos difíciles, donde los municipios carecían de partidas presupuestales para proyectos de embellecimiento urbano, pero sobraba identidad local, creatividad y una sólida vocación de servicio. Fuimos testigos directos de cómo el alcalde puso a disposición su propio camión particular para trasladar tierra fértil de cultivo hasta el parque y junto con las responsables de la Iglesia Católica, se logró el trabjo voluntario de los pobladores del barrio San Francisco, en su mayoria, con mano de obra no calificada. Asimismo se gestionó con logro evidente el apoyo de material de construcción a la entidad gubernamental Cooperación Popular, entidad liderada en ese entonces por el recordado Rolando Malarín, un vecino Sihuasino allegado y muy identificado con el pueblo pampino.

 Para adornar los jardines se trajo plantones de hermosas rosas desde el Callejón de Huaylas, dándole al parque un colorido paisajístico sin precedentes. A esta labor de gran valor comunitario se sumó la participación generosa y desinteresada de don Simón Huamaní, ciudadano muy querido en el pueblo, había llegado desde Huallanca, ex trabajador de Electroperú, que echó raíces en La Pampa, donde formó su familia. Junto a su gran gesto, puso a disposición su moderna maquinaria y gracias a su gran maestría en la soldadura metálica, don Simón construyó las estructuras metálicas y contribuyó con la instalación de una potente red de iluminación con fluorcentes.

El resultado fue un extraordinario orgullo comunitario: dos elegantes glorietas, con sus respectivos cuadriláteros cubierto de simbólica y colorida vegetación, bien distribuidas bancas de madera para el sosiego de la tarde y luminarias que le daban vida a las noches pampinas. Para la niñez y adolescencia de aquellos años, contar con un espacio totalmente iluminado y seguro, representó una alegría inolvidable.

Con el trascurrir de los años, las subsiguientes gestiones municipales continuaron aportando, sumando mejoras y realizando labores de mantenimiento para que nuestro parque conserve su brillo y mejore su presentación. Hoy, muchas de las nuevas generaciones disfrutan de sus bancas, aprecian sus jardines y descansan bajo la sombra de coposos arboles de meijo, sin conocer la historia de las decisiones municipales y el desprendimiento de ciudadanos que no dudaron en dar su granito de arena para levantar esta gran obra, para el servicio de todas las generaciones venideras.

Nuestro Parque San Francisco de Asís puede competir con mucha seguridad en extensión y belleza con los espacios públicos similares del ámbito provincial; es hoy un lugar de descanso, escenario de  encuentro festivo, religioso, cívico y cultural; ya es el emblema de una sociedad pampina  que supo forjar la unidad, por encima de las discrepancias, con la mirada fija en el futuro, conscientes que muchas de las acciones de hoy, son valoradas en otros tiempos e inclusos por los visitantes que llegan a nuestra tierra a pasar días de descanso o por los viajeros que transitan de manera fugaz, pero dejan y difunden expresiones favorables a la belleza de nuestra tierra.

Queda para nosotros el enorme desafío de custodiar este extraordinario legado y asumir el compromiso de hacerlo cada día más bello. Respecto a las autoridades, este compromiso exige gestiones y acciones concretas, transparencia en el manejo de los recursos municipales y una clara visión territorial y de futuro que asegure su mejoramiento permanente. Por parte de la ciudadanía, exige un sentido cívico inquebrantable, asumiendo con seriedad su cuidado integral con vigilancia vecinal constante y comprometida. Proteger, embellecer y valorar nuestro parque es el más justo y noble homenaje que las generaciones presentes y futuras podemos rendir a aquellos pioneros visionarios, quienes, en tiempos de escasez de recursos financieros, pero con inmensa fe y trabajo colaborativo, levantaron La Pampa piedra sobre piedra y sembraron bienestar y esperanza, en ocasiones con sus propias manos sin retribución económica.

Huaraz, 28 de agosto del 2026.

EL PARQUE SAN FRANCISCO DE ASÍS: Tradición y memoria viva de La Pampa

  Por: Edver Roman PAREDES MILLA Colección: WaYyra Kutimuq El Parque San Francisco de Asís es mucho más que un diseño urbano: es el gran...