lunes, 27 de julio de 2026

DONDE NACE EL ORGULLO Y GRATITUD POR LA PAMPA Con identidad, orgullo y un poco de nostalgia.

 Por: Edver Roman PAREDES MILLA

Colección: Wayra Kutimuq

Al escuchar a Luis Acosta Guerrero, en su hermoso himno a nuestra tierra llamado Añoranza Pampina: “Por más lejos que me encuentre, nunca, nunca te olvidare". Olvidar el lugar en el que uno nació es tan antinatural como olvidar a la madre. Hay un lazo umbilical inobservable que nos vincula con esta geografía, tanto en la abundancia como en la escasez, tanto en el bullicio de la confrontación como en el calor de la amistad, tanto en el recuerdo vivo como en el olvido insensible, y tanto en la diversión de los días festivos como en el aislamiento de la soledad. Como una manera de agradecer a la madre tierra y a los recuerdos benditos de la infancia vivida en compañía, tenemos el deber moral de mantenernos siempre unidos, de volver siempre por el mismo camino que nos alejó de ella; y de suavizar desavenencias entre hermanos y entre                conciudadanos para trabajar juntos, codo a codo, por su progreso y desarrollo.

Sentir la primera aspiración de aire pampino al regresar a sus caminos y calles es un acto geológico que conmueve. El pecho se expande, el olor a tierra mojada evoca memorias antiguas y las piernas nos estimulan para que recorramos de nuevo cada rincón de nuestra patria. Así, resuenan los ecos de la niñez: las bromas en el agua salada, la tranquilidad monumental de Piedra Grande, el verdor de Pukapampa, la intimidad del escondido Uchpuran y la vastedad que se extiende desde la llanura de Chahuan. Rememoramos a Chejepampa y su encantadora represa; al manantial de Puquio, que hoy agoniza; a la generosa Chontayoc; a Huaca Rumi, Espinopampa y Peypey; así como a Matikancha, ese lugar ritual en el que se lava la ropa de los muertos. También reverberan en la sección de algarrobo, refugio del camino y parada obligatoria en el difícil ascenso desde Cuyuchin; Huayu y el constante murmullo del canal de Ñahuin; Huacacorral, Pispal, Cacahuerta, Shicullbamba, La Comunidad, Huampish, Percuran, Llipiaj, Trigopampa, Mirasanta, Llacusbamba, Ninabamba y Pacatqui. A pesar de que muchos de estos lugares recientes pertenecen a distritos vecinos, abarcaron y albergaron los años más efímeros y dichosos de nuestra existencia.

En la memoria perdura el eco de los diálogos que tuvimos con esos hombres y mujeres visionarios que sentaron las bases del avance del pueblo. Los recordamos cuando diseñaban a pulso los canales de riego, trazaban calles y abrían caminos; construían la venerada iglesia, las aulas de nuestra escuela emblemática y la red de agua potable que tanto deseábamos ver convertida en agua 100 % segura. Nos acordamos de la construcción del puesto de salud, el local municipal, los parques y jardines; el cultivo casero de huertos y campos; y el ruido sordo que provocan los gigantescos molinos de piedra que funcionan con energía hidráulica. En la parte alta, el olor azucarado del jugo de caña hervida indicaba la elaboración de chancaca, chicha de caña y cañazo; por su parte, los huertos ofrecían naranjas frescas y mantecosas paltas. Honramos a los que construyeron caminos que nos comunican con la costa y el Callejón de Huaylas, a los que llevaron luz desde la Central Hidroeléctrica del Cañón del Pato, a los que pusieron el alcantarillado y a los que levantaron con esfuerzo el estadio San Francisco de Asís y las áreas deportivas.

 

Es imposible no recordar la expedición japonesa, encabezada por Kazuo Terada. Sus trabajos en el yacimiento arqueológico de Buena Vista nos dejaron un estudio invaluable que está guardado en la Biblioteca Nacional del Perú. A pesar de que actualmente existen algunas traducciones en fotocopia, nos sigue faltando la tarea de repatriar las piezas arqueológicas que yacen en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, ubicado en Pueblo Libre, Lima. Es urgente promover el Museo de Sitio en el área destinada a tal efecto, que está situada estratégicamente antes de subir a la Piedra Grande, al lado del ángulo superior del recinto del estadio.

La canalización del canal de riego de Ñahuin y los esfuerzos realizados a tiempo para establecer la Subestación Eléctrica en Yesopampa, un hecho que proporcionó estabilidad al servicio energético del distrito, son algunas de las obras representativas que cambiaron nuestra vida. De igual manera, la construcción de la Central Hidroeléctrica del Manta fue posible debido a la intervención de nuestros líderes y autoridades ante el Ministerio de Energía y Minas, en un proceso que estuvo marcado por tensiones elevadas entre la compañía, los trabajadores locales y las agendas ambientales. La habilitación de la vía por Huampish y Huarochirí fue otro paso crucial. Se trazó en un principio como una opción temporal ante las averías geológicas en Tres Cruces, pero luego se convirtió en una arteria permanente. La pavimentación de las vías principales del núcleo urbano y la construcción del palacio municipal durante dos gestiones sucesivas son también parte de esto, lo que demuestra claramente que el desarrollo colaborativo es factible cuando prevalece el interés general.

Ningún logro o avance hubiese sido posible, sin la dedicación cotidiana de choferes, agricultores, obreros, costureras, panaderos, hojalateros, carpinteros, herreros, albañiles y pequeños empresarios que promovieron el transporte y el trabajo local nada de esto habría sido posible. Queremos expresar nuestro reconocimiento a las familias pampinas que han educado a sus hijos en la superación personal y el amor al trabajo, así como a los pampinos que están organizados en agrupaciones de residentes en Lima, Chimbote y otras regiones del mundo. Un reconocimiento merecido a nuestros intelectuales y profesionales, a los deportistas y atletas valientes, a los artistas, músicos y compositores que llenaron de sensibilidad y melodía nuestro sentir, y a aquellos empresarios y emprendedores que abrieron senderos de éxito más allá del ámbito local. En cada taller, foro, escenario o compañía en los que tuvieron éxito, llevaron con ellos el nombre de La Pampa, aludiendo a su lugar de origen con auténtico orgullo y dignificando nuestra tierra con su habilidad. Además, honramos la memoria de quienes, a pesar de no haber nacido en esta tierra, vinieron, se establecieron y dieron su vida por nuestra gente.

Finalmente, ser y estar agradecidos con cada una de las autoridades: agentes municipales, alcaldes, subprefectos, tenientes gobernadores, jueces de paz y regidores; así como a los líderes de las comisiones de regantes, APAFAS y comités de productores; y también a las juntas directivas de los clubes deportivos que influyeron en nuestra juventud. Agradezco a los directores y entidades educativas de La Pampa, Mirasanta y Llacusbamba; a los efectivos de la Policía Nacional (antes conocida como Guardia Civil); a los médicos, enfermeros, parteras, técnicos y personal sanitario; y sobre todo, a las familias generosas que cedieron sus terrenos para proporcionar un hogar a la institucionalidad pampina. En la memoria de su trabajo colectivo reside la fuerza insuperable de nuestra identidad.

Jangas, julio del 2026.

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