jueves, 6 de agosto de 2026

ENTRE EL MOSTRADOR Y EL SILLÓN MUNICIPAL: RETRATO DE BACILIO CHIA CALDAS Evocamos el cariz humano, emprendendor y político de su vida,

 Por Edver Roman PAREDES MILLA. Colección : Personajes ilustres de mi tierra.

A nuestro recordado Bacilio Chia Caldas lo conocí desde los días hermosos de la infancia, cuando mis padres me enviaban a hacer compras en las pequeñas bodegas del pueblo. Entre aquellos mostradores y andamios de madera, el suyo destacaba no solo por lo surtido de la mercancía que ofrecía, sino por la presencia viva de un ciudadano ejemplar. Fue en ese trajín cotidiano donde tuve la suerte de tenerlo cerca y donde aprendí a conocer, de manera constante, la calidez de su carisma.

Más allá de mi aprecio personal, el tio Bashi, tal como lo llamabamos casi todos, gozaba del respeto unánime de La Pampa; mis padres y mas familiares se contaban entre sus cercanos círculos de amistad,  considerando además la familiaridad que nos unía considerando el árbol genealogico de mi madre. Más allá de algunos roces en los momentos intensos de las competencias deportivas y políticas, conservabamos una relación de respeto y consideración a su liderazgo. Es verdad que, como todo ser humano, habrá tenido sombras o desaciertos, pero cuando una vida trasciende con tal fuerza, la luz de sus virtudes termina eclipsando cualquier tropiezo del camino.

Y son justamente esas virtudes las que merecen pervivir en el recuerdo. Bacilio Chia Caldas fue dos veces alcalde de La Pampa y subprefecto de la provincia de Corongo, entre otros encargos públicos. Acciopopulista de convicción y de corazón, su nombre era referenciado en el ámbito partidario a nivel provincial, regional y nacional. Jamás mudó de camiseta: desde que tengo memoria hasta el día en que partió al encuentro del Señor, la lampa de Fernando Belaúnde fue su único e innegociable símbolo político.

Aquellos eran tiempos de líderes extraordinarios y perfiles temperamentales. En medio de esa diversidad,  Bacilio Chia destacó por una virtud escasa: la capacidad de conducir grupos a través del consenso, el diálogo y la búsqueda incondicional de la paz. Esa firme vocación conciliadora hizo que sus adversarios pretendieran calificarlo, erróneamente, de timorato. Sin embargo, quienes comprendemos la complejidad de las relaciones humanas sabemos bien que la templanza no es cobardía. Había en La Pampa liderazgos de todo tipo, desde los más beligerantes —cuya vehemencia también ayudó a empujar metas colectivas— hasta hombres como nuestro alcalde Bacilio Chia Caldas, cuya prioridad fue siempre la concertación.

Fue bajo el sello de sus gestiones cuando La Pampa logró el hito histórico de contar con fluido eléctrico, adelantándose a todos los demás pueblos de la provincia de Corongo. A su empuje se deben también la hazaña técnica del túnel de Mirasanta, la gran acogida a la expedición arqueológica japonesa que exploró el sitio de Buena Vista, la construcción del Mercado Municipal, la Casa de la Cultura y la importante Losa Deportiva que hoy lleva su nombre. Las fuentes orales y la memoria viva del pueblo nos revelan además a un hombre multifacético: al margen de la política, fue un deportista entusiasta, un apasionado de la música y, sobre todo, un comerciante a tiempo completo, faceta en la que el pueblo más lo trató y estimó.

Dirigente entrañable e hincha abnegado del Club Deportivo Alpamayo, Bacilio Chia era el alma de la camiseta roja y blanca. Recuerdo con nitidez cómo los muchachos, tras conseguir un triunfo en la cancha, no iban a celebrar a ningún otro lado sin pasar primero por su bodega para dedicarle la victoria y festejar a su lado.

Su dinámica política tenía también un matiz fascinante. Para ganar una elección, el candidato Bacilio Chia no necesitaba recorrer las calles haciendo propaganda desmedida; su bodega era su auténtico búnker electoral. La gente llegaba atraída por su buen trato, su conversación afable y pausada, y esa atmósfera de fraternidad de la que siempre estaba rodeado. Contaba con partidarios leales e incondicionales que hacían campaña por él con convicción absoluta, en un estilo de liderazgo tan genuino como propio.

Uno de los capítulos más emblemáticos en la historia de La Pampa fue la recuperación de los terrenos comunales, una gesta asumida bajo la firme presión del pueblo pero canalizada y liderada por la figura de él. Por aquella acción debió afrontar un prolongado y desgastante juicio, del cual, gracias a la intervención de autoridades justas, él y su grupo resultaron finalmente absueltos. Ciertamente, en cada una de sus obras como ciudadano y en cada hito de su gestión nunca estuvo solo; contó siempre con el respaldo de destacados líderes pampinos, incluidos los residentes en Lima —de cuyo puño y letra conservo valiosas cartas de gestión que me las heredo el Señor Marcial Acosta Izaguirre—. Pese a la labor compartida, su figura como líder local siempre brilló con luz propia, permitiéndole trascender en el tiempo.

En la década de los noventa, tras concluir mis estudios de Pedagogía, regresé a La Pampa para ejercer la docencia. Fue entonces cuando tuve el privilegio de tratarlo aún más de cerca. Bajo su tutoría y mentoría política, integré la lista de Acción Popular como primer regidor para el periodo 1990-1993, acompañando a don Andrés Manrique Olivera como candidato a la alcaldía. Aunque en aquella contienda ocupamos el segundo lugar, los años posteriores trajeron episodios difíciles y de inestabilidad para la gestión municipal. Ante el desgobierno, volvimos a juntar esfuerzos y, al lado de distinguidos pampinos, participamos activamente en el proceso de restauración de la gobernabilidad democrática de nuestro distrito.

El tiempo avanza de manera inexorable, pero la imagen del gran Bacilio Chia Caldas, como hijo predilecto de La Pampa, permanecerá inmune al olvido en el corazón de pampinos y coronguinos. Perennizar su trayectoria no es solo un deber histórico, sino un acto de gratitud personal: me reconozco su discípulo, al igual que de aquellos notables vecinos que, antes de partir a la eternidad, dejaron huellas imborrables no solo en la infraestructura del pueblo, sino en la formación de mi generación y de tantas otras. Al final, la memoria es un acto de justicia y lealtad con quienes supieron guiarnos y moldear, directa o indirectamente, nuestro destino.

Jangas, agosto del 2026.

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