… y una gestión pública al azar
Edver R. Paredes Milla.
Allí está el tablero regional, con las piezas de ajedrez a ambos lados; esta el
rey, la reina, los caballos, torres, alfiles y peones; un tablero con un oficialismo que juega sólo, porque las piezas del otro lado del poder, el de la oposición, no se mueven, no hay quien las
mueva; los líderes de los movimientos regionales que ocuparon el segundo y tercer
lugar en las últimas
elecciones no juegan, han desaparecido o esperan que
el trono quede vacío. Por ahora sólo
se mueven algunos alfiles al estilo “llanero solitario” que juegan
a super héroes, cada quien por su lado, de manera espontánea,
esporádica, dispersa,
coyuntural; no hay nada orgánico, nada
institucional, nada partidario;
incluso las organizaciones gremiales
guardan silencio cómplice.
Lo
cierto es que el oficialismo en Ancash juega sólo y jugando sólo juega mal; es evidente que no saben o saben
muy poco jugar al ajedrez. Para
jugar este importante deporte no se requiere ni
dados ni cubiletes, no es una partida de ludo, no es un juego de azar;
el ajedrez es distinto, por eso
se le llama deporte
ciencia, es altamente
racional, analítica, estratégica,
táctica, prospectiva, en síntesis un juego
de alta rigurosidad cognitiva; además
no puedes mover las piezas de tu lado sin mirar
el desplazamiento de la competencia,
porque es un proceso dialéctico. Al igual
que en el deporte, en la política
y en la gestión se necesita de dos
equipos como mínimo para accionar, algunos le
pueden llamar oposición; mucho
mejor si los equipos contrarios son de similar nivel competitivo para
que haya adrenalina, control, aprendizaje y recreación;
de lo contrario
como en toda actividad competitiva a nadie
le gusta
jugar en desventaja, en terreno disparejo; muchas veces además de aburrido se
torna improductivo.
En esa lógica, los juegos de poder en la que se han enredado las figuras
políticas del oficialismo del
gobierno regional de Ancash, entre
ellos los tres mosqueteros, son
juegos al azar, a la suerte, al destino,
al libre albedrío y hasta sometido a las
señas o signos de las fuerzas
sobrenaturales; no sería raro que algunos de ellos o todos
sean asiduos visitantes del chaman del
norte. Esta forma inusual
de hacer política está
afectando al sistema de gestión
pública regional, que afecta inevitablemente a la actividad privada; sin una planificación estratégica consensuada, con alta rotación de funcionarios, inestabilidad en lo cargos, decisiones
timoratas, incoherencias entre lo que dicen y hacen, ineficiencia e improvisación generalizada; que para colmo de males les llevó a la locura de elegir directores de
UGEL por votación a mano
alzada, designar funcionarios provisionales y cambiarlos en periodo récord de una semana, sin argumento
alguno.
Voy cerrando
este articulo con una metáfora que
podría ser ilustrativa: “Viajamos en
el servicio de transporte
público interprovincial Región Ancash, mientras
el chofer y los copilotos se pelean en la cabina por quitarse el timón,
el vehículo va sin control, con algunos
sonidos extraños en el motor,
hay perdida acelerada de combustible, el grifo más cercano
está todavía a muchos kilómetros de distancia,
zona de neblina, los
faros están fallando . En tanto sigue
la pugna en la cabina de conducción el vehículo se sale continuamente de la pista; como sucede en
los casos de emergencia no hay patrulleros de control de carreteras, si consideramos además que los tres
de la cabina van sin
licencia de conducir y embriagados de poder;
los ayudantes y cobradores prefieren
guardar silencio por que
prefieren cuidar su trabajo. No hay quien
les haga entrar en razón
por que los pasajeros
vamos cómodamente sentados y profundamente
dormidos”.
El
territorio de Ancash es accidentado, no sigamos
jugando al gran bonetón, la región Ancash no es la Tinka, no es ningun juego de lotería, no es un juego de casino; al paso que vamos terminaremos despistándonos y en caída
libre. Estamos a tiempo de corregir actitudes
por nuestro bien y el de los
demás, porque el futuro de un pueblo tienen que ser diseñado
con inteligencia y no sometido a
los juegos de azar.