EL LABERINTO
ELECTORAL
Y la oportunidad para
elegir bien
Edver R. Paredes Milla
Estamos
a menos
de cuarenta días de la gran fiesta democrática que se celebrará en lo extenso del
territorio nacional para
elegir a
nuestras próximas autoridades
regionales y municipales; y debemos
reconocer que a estas alturas los candidatos no han logrado hacer clic, menos
encantar a la mayoría
de electores, más allá de sus
infladas portátiles. En nuestro caso, los ancashinos tenemos una
extraordinaria oportunidad para elegir
a los mejores ciudadanos y ciudadanas que conducirán
el destino
de nuestra gran región y
sus 166 distritos en los
siguientes cuatro años.
El
actual proceso electoral no ha
salido de la trampa de equilibrio
de bajo nivel al que cayó
el quehacer político en las últimas
décadas: partidos políticos
nacionales con poca
representatividad regional; movimientos
regionales y locales sin solidez
orgánica, en la cual los candidatos caudillos
son los dueños de la
organización; planes de trabajado elaborados
en gabinete, con muy pocas precisiones;
conformación
de equipo de regidores y
consejeros improvisados, en subasta
pública en el caso
de las listas que se autodenominan favoritos; medios de
comunicación que ven en cada campaña electoral una
gran oportunidad comercial; debates que
más parece un intercambio de opiniones,
con un rosario de ofrecimientos,
expresados en tan sólo ideas de
proyecto, sin un sustento
técnico sobre los procesos, fuente de financiamiento y sostenibilidad. Si bien como todo en la vida hay excepciones,
con algunos candidatos que marcan la diferencia; debería la regla ser la excepción y las excepciones
ser la regla.
Si
bien los ojos de cada
ciudadano están fijados en el quehacer
diario de los
candidatos, observando cómo
se mueve y muestra ente el público,
sus presentaciones en radio y televisión, planes de gobierno, gigantografias, afiches,
almanaques, calendarios, lapiceros, banderines, spots publicitarios, caminatas
y movilizaciones; está pendiente el asumir
nuestra responsabilidad ciudadana de informarnos y
difundir oportunamente sobre
la trayectoria personal,
familiar, social y laboral de cada uno
de ellos; en el entendido
que todo aquel que aspire
gobernar una ciudad o una
región debería ser un ciudadano ejemplar; con una
comprobada coherencia entre lo que
piensa, dice, hace y siente.
El
ciudadano de a pie
ha aprendido el juego de la
mecida electoral, con la decisión prudente de
no hacer pública sus preferencias electorales, comprometiendo su voto a todos
los candidatos y esperar pacientemente para sumarse
a la campaña del candidato que despunte en la recta final;
despunte que es consecuencia
directa de la maquinaria
publicitaria implementada y la complicidad poco
fiable de las
encuestadoras; que si bien manejan cifras ficticias, terminan direccionando las preferencias electorales.
No
seamos mezquinos, no votemos por el
candidato que nos conviene por el momento, elijamos al
ciudadano que nos asegure un mejor futuro
para nuestros hijos e hijas y
para todas las generaciones venideras; algún día se nos juzgará por nuestras decisiones.
Huaraz, agosto de 2014