Por: Edver Román PAREDES MILLA
Colección: Wayra
Kutimuq
¿Quién no recuerda al
Profesor Epicho? Aquel ilustre ciudadano de mirada clara y penetrante, ojos
verdes y chispeante buen humor, cuya vida entera fue un acto de entrega
incondicional a nuestro querido distrito de La Pampa. Vecino notable de la
tradicional avenida Rivas Plata y maestro de vocación pura, don Epifanio Lúcar
Reyes perteneció a esa estirpe de profesionales forjados con rigor en las aulas
de la emblemática Escuela Normal de Tingua, en el Callejón de Huaylas. Quien escribe
estas líneas, soy parte de esa generación afortunada de hijos pampinos que tuvo
el inmenso privilegio de crecer bajo el cobijo moral de quienes construyeron
nuestro pueblo desde las bases; caminamos guiados por los faros intensos de su
ejemplo cívico, deslumbrados por una decencia y una caballerosidad que hoy
parecen de otros tiempos. El profesor Epifanio personificaba la diplomacia, la
finura y el temple del hombre culto que hizo del magisterio un apostolado
cotidiano, entregando lo mejor de su talento al terruño, aun cuando tuviera que
lidiar con la ingratitud de aquella máxima popular de que nadie es profeta en
su propia tierra, donde al hijo del pueblo suelen buscarle mil reparos mientras
al foráneo se le disculpa todo.
Su trayectoria
pública y pedagógica dejó huellas imborrables en el desarrollo formativo e
institucional de la comunidad. Como docente de aula, director de escuela y
máxima autoridad del Núcleo Educativo Comunal (NEC) que operaba en La Pampa,
don Epicho entendió que el verdadero progreso radicaba en abrir las puertas del
conocimiento a la juventud local. Fue de los pocos hombres visionarios que se
fajaron para hacer realidad la educación secundaria en nuestro distrito. En
1977, gracias a sus incansables gestiones desde la jefatura del NEC, se logró
asegurar el funcionamiento del Colegio Santiago Antúnez de Mayolo. Aquella
gesta fundacional arrancó con el presupuesto apenas suficiente para dos
docentes: la profesora pampina Zonia Élida Roldán Chávez y el maestro Julio
Collazos, quien quedó unido para siempre a nuestra tierra por lazos
matrimoniales. Las asignaturas restantes se cubrieron mediante el compromiso
cívico del personal del Núcleo Educativo, quienes dictaron clases ad honorem,
entre ellos Julio Morales, el primer director Luis Murga Salazar y el propio
Director del NEC profesor Epifanio Lúcar Reyes. Con el paso del tiempo y tras
el retiro del director Murga, nuestro recordado Epicho asumió con solvencia la
conducción del plantel, liderando en estrecha coordinación con las autoridades
comunales y la APAFA la construcción de los nuevos pabellones donde hoy
funciona la Dirección y la gestión de mayor presupuesto para el personal
docente, auxiliar y administrativo.
Elegido democráticamente
como alcalde distrital de La Pampa en los tiempos en que los periodos ediles
duraban tres años, don Epifanio trasladó al sillón municipal la misma rectitud
con la que gobernaba el aula. Durante su mandato se materializó la edificación
del Puesto de Salud en el jirón Lima, obra prioritaria que atendió la salud del
pueblo durante más de una década, hasta que las difíciles condiciones del
terreno salitroso minaron sus bases. Sin embargo, más allá del protocolo
oficial o la investidura municipal, el rasgo que mejor retrata su estirpe
humana era su cercanía con las necesidades del vecino común. No era extraño ver
al mismísimo alcalde pampino, acompañado por el escaso personal obrero del
municipio, recorriendo desde muy temprano calles, jirones y avenidas, portando una
sierra de mano, trozos de tubería de PVC y latas de pegamento, dispuesto a
ensuciarse las manos en las zanjas abiertas para reparar personalmente las
roturas de la red matriz y garantizar que el agua no faltara en los hogares.
Amante apasionado
del deporte, entusiasta cultor de la música tradicional ancashina y riguroso
defensor de las buenas costumbres, el maestro Epicho Lucar fue desde siempre un
vecino generoso que jamás dudó en desprenderse de sus propios bienes y pertenencias
para socorrer al paisano en desgracia. Su memoria permanece viva en las
anécdotas de las faenas comunales, en los patios del colegio que ayudó a crear
y en la conciencia colectiva de una comunidad que aprendió a admirar su
honestidad intachable. Don Epifanio Lúcar Reyes no solo educó generaciones de
ciudadanos útiles para la patria; sembró en el corazón de La Pampa la certeza
de que el verdadero liderazgo se demuestra con trabajo humilde, solvencia moral
y una infinita capacidad de servicio.
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