miércoles, 26 de agosto de 2026

PERSONAJES DE MI TIERRA: EPIFANIO LÚCAR REYES Vocación de maestro, corazón de servidor.

 Por: Edver Román PAREDES MILLA

Colección: Wayra Kutimuq

¿Quién no recuerda al Profesor Epicho? Aquel ilustre ciudadano de mirada clara y penetrante, ojos verdes y chispeante buen humor, cuya vida entera fue un acto de entrega incondicional a nuestro querido distrito de La Pampa. Vecino notable de la tradicional avenida Rivas Plata y maestro de vocación pura, don Epifanio Lúcar Reyes perteneció a esa estirpe de profesionales forjados con rigor en las aulas de la emblemática Escuela Normal de Tingua, en el Callejón de Huaylas. Quien escribe estas líneas, soy parte de esa generación afortunada de hijos pampinos que tuvo el inmenso privilegio de crecer bajo el cobijo moral de quienes construyeron nuestro pueblo desde las bases; caminamos guiados por los faros intensos de su ejemplo cívico, deslumbrados por una decencia y una caballerosidad que hoy parecen de otros tiempos. El profesor Epifanio personificaba la diplomacia, la finura y el temple del hombre culto que hizo del magisterio un apostolado cotidiano, entregando lo mejor de su talento al terruño, aun cuando tuviera que lidiar con la ingratitud de aquella máxima popular de que nadie es profeta en su propia tierra, donde al hijo del pueblo suelen buscarle mil reparos mientras al foráneo se le disculpa todo.

Su trayectoria pública y pedagógica dejó huellas imborrables en el desarrollo formativo e institucional de la comunidad. Como docente de aula, director de escuela y máxima autoridad del Núcleo Educativo Comunal (NEC) que operaba en La Pampa, don Epicho entendió que el verdadero progreso radicaba en abrir las puertas del conocimiento a la juventud local. Fue de los pocos hombres visionarios que se fajaron para hacer realidad la educación secundaria en nuestro distrito. En 1977, gracias a sus incansables gestiones desde la jefatura del NEC, se logró asegurar el funcionamiento del Colegio Santiago Antúnez de Mayolo. Aquella gesta fundacional arrancó con el presupuesto apenas suficiente para dos docentes: la profesora pampina Zonia Élida Roldán Chávez y el maestro Julio Collazos, quien quedó unido para siempre a nuestra tierra por lazos matrimoniales. Las asignaturas restantes se cubrieron mediante el compromiso cívico del personal del Núcleo Educativo, quienes dictaron clases ad honorem, entre ellos Julio Morales, el primer director Luis Murga Salazar y el propio Director del NEC profesor Epifanio Lúcar Reyes. Con el paso del tiempo y tras el retiro del director Murga, nuestro recordado Epicho asumió con solvencia la conducción del plantel, liderando en estrecha coordinación con las autoridades comunales y la APAFA la construcción de los nuevos pabellones donde hoy funciona la Dirección y la gestión de mayor presupuesto para el personal docente, auxiliar y administrativo.

Elegido democráticamente como alcalde distrital de La Pampa en los tiempos en que los periodos ediles duraban tres años, don Epifanio trasladó al sillón municipal la misma rectitud con la que gobernaba el aula. Durante su mandato se materializó la edificación del Puesto de Salud en el jirón Lima, obra prioritaria que atendió la salud del pueblo durante más de una década, hasta que las difíciles condiciones del terreno salitroso minaron sus bases. Sin embargo, más allá del protocolo oficial o la investidura municipal, el rasgo que mejor retrata su estirpe humana era su cercanía con las necesidades del vecino común. No era extraño ver al mismísimo alcalde pampino, acompañado por el escaso personal obrero del municipio, recorriendo desde muy temprano calles, jirones y avenidas, portando una sierra de mano, trozos de tubería de PVC y latas de pegamento, dispuesto a ensuciarse las manos en las zanjas abiertas para reparar personalmente las roturas de la red matriz y garantizar que el agua no faltara en los hogares.

Amante apasionado del deporte, entusiasta cultor de la música tradicional ancashina y riguroso defensor de las buenas costumbres, el maestro Epicho Lucar fue desde siempre un vecino generoso que jamás dudó en desprenderse de sus propios bienes y pertenencias para socorrer al paisano en desgracia. Su memoria permanece viva en las anécdotas de las faenas comunales, en los patios del colegio que ayudó a crear y en la conciencia colectiva de una comunidad que aprendió a admirar su honestidad intachable. Don Epifanio Lúcar Reyes no solo educó generaciones de ciudadanos útiles para la patria; sembró en el corazón de La Pampa la certeza de que el verdadero liderazgo se demuestra con trabajo humilde, solvencia moral y una infinita capacidad de servicio.

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